Oda al libro viejo

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nietochka nezvanova

Oda al libro viejo

Oda al libro viejo

Fran me enseñó un libro viejo, tan viejo como yo. No, más viejo. Me dice que es una donación de Soledad Vázquez Valera, antigua profesora del IES Monterroso que dejó parte de su colección en nuestra biblioteca.

El libro es Nietochka Nezvanova, de F. Dostoyevski, una obra inacabada…
Y se nos ha ocurrido escribir una oda al libro viejo.

Oh, libro viejo
¿cuántas historias guardas?
No es solo la que cuentas
Son las que por ti pasan.

¿Quién, como yo,
te tuvo en su mesilla
mientras miraba la foto
de su amada?

Sabemos quien fue,
quien te saco
de aquella estantería
de libros nuevos.

Fue Soledad
y te quiso,
estuviste con ella
toda su vida.

Mas al final,
cuando no pudo estar contigo
te dejó ir
como a lo que queremos.

Tú no supiste bien lo que pasaba
tantos años en la misma estantería.
Te fuiste a otra
con nuevos compañeros
y empezaron a pasearte por el Mundo.

¿Cuántas veces te han movido de estantería?
¿Cuántos libros pegados a tu portada?

¿Recuerdas aquella chica pizpireta
que soñaba con ser como su profe
de Lengua, tan vital, tan atenta?

La que te dejó caer junto a su coche
y aquel chico que te cogió,
y salió corriendo.
Ella bajó.
Él le dio el libro.
Un leve roce de sus dedos.
Y fuiste testigo del amor.

¿En cuántas mochilas has aguardado
hasta llegar a diferentes hogares
hasta que, manos de curiosos adolescentes
te abrieran ansiosas, para que les desvelaras tu historia?
Jóvenes que encontraron gozo
al olvidarse de este mundo
y descubrir nuevos mundos
entre tus páginas.

Y aquel chico del norte
que viajaba,
que te llevaba siempre
en su mochila
y nunca te leía.
¿Qué porqué te llevaba?
Por si un día
entre tanto subir y bajas cuestas
entre tanto hablar, reír, beber y amar
encontraba un momento de descanso
y te leía.
Pero no lo encontró
y te devolvió intacto
después de un verano de locura.

Oh, libro antiguo,
tus páginas ya amarillean,
tus tapas ya no te cubren bien.
¿Llegará pronto el día
en que alguien decida
que eres demasiado viejo
y tengas que dejar tu hueco en la estantería
para que lo ocupen otros libros más nuevos,
con las páginas más blancas?
¿Tendrás entonces que descansar en un almacén
o en una caja
y ya no conocerás más jóvenes,
ni velarás más sueños
en más mesitas de noche…?

Y volviste a tu querida estantería,
veías pasar a los niños y las niñas
que pronto eran ya hombres y mujeres
y de vez en cuando te sacaban,
te leían y otra vez te dejaban.

Poco a poco, imperceptiblemente
te fueron sacando casi nunca
y fuiste languideciendo alegremente
recordando tu vida tan fecunda.

Escrito por José Luis Usero Vílchez con la colaboración de la musa misteriosa.